HAMBURG…here we go!


El fin de semana pasado, paseando por las calles de esta bella ciudad germana, no pude evitar entrar en la bombonería OSCHÄTZCHEN… las fotos hablan por si solas.. verdad??. También estuve comiendo en el Café París (recomiendo probar su especialidad: tártaros de ternera y los pasteles de frutos rojos, manzana y requesón que estaban de miedo!!!).

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H&M: Y este es el primer bikini que ha caído en mi armario, bonito y barato…¿bueno? Ejem…eso solo lo sabré cuando lo haya sumergido infinitas veces en las saladas aguas de Formentera!

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TOROS: Ahora que veo el look de Nieves Álvarez en los toros…este sábado me estreno! pisaré la plaza de las Ventas por primera vez en mi vida, a ver qué tal resulta la experiencia, ¡¡¡espero no pasar miedo y disfrutar de la tarde!!!

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BOB DYLAN: Ayer el mítico músico de los años 70 cumplió eso, 70 años!!! Sólo quería rendirle mi pequeño homenaje al que vivió durante una larga temporada en Formentera. En la isla Dylan creó algunos de los temas para el álbum publicado a finales de 1967 llamado ‘John Wesley Harding’, (que, en un principio, de pura austeridad, pasó desapercibido, pero hoy está considerado como un trabajo capital en su obra).

El ‘I Dreamed I Saw St. Agustine’ y el ‘All Along the Watchtower’, basado en el Libro de Isaías, serían sin duda parte del trabajo formenterés. Además de algunas páginas de su inclasificable libro ‘Tarántula’.

En mayo de 1967 subió a la barca que desde Ibiza le llevó a Formentera. El precio del billete: 14 pesetas. Aquel mismo año se tendería sobre el fondo del mar hasta la playa de Levante el primer cable eléctrico que llegaba de Ibiza para proporcionar energía a la industria salinera. Los cambios transcurrían lentamente, la vida misma. El ritmo de la isla que encontró Bob Dylan fue el bálsamo que buscaba desesperadamente.

El publicitado accidente de motocicleta en 1966 sufrido cerca de su casa en Woodstock (Nueva York) fue la excusa que le dio pie para ‘desaparecer’ del primer plano, escapar de una enorme fama y exceso de control y presión por parte de la industria discográfica, fans y medios de comunicación.

Al atardecer, la Fonda era el lugar preferido por los viajeros, allí recibían el correo y los giros que generosamente enviaban sus familiares de clase media alta. La parada del autobús estaba junto al establecimiento, era punto estratégico ya desde que abrió sus puertas y desde que, unos años después, acudiese una oleada de viajeros holandeses, en su mayoría treintañeros que habían vivido de cerca las trágicas consecuencias de la II Guerra Mundial. Eran y se sentían supervivientes, sus ansias por vivir les hacía quemar la vela por los dos extremos, exprimían la vida, la palabra «mañana» no existía en su vocabulario, las animadas e interminables conversaciones unían la noche con el día.

Y visita… ROMANTIQUE MAISON